Cuentos de la Cripta / El dedo...

El reloj marcó las diez de la mañana, un rayo de luz que entraba por la ventana de su habitación la obligó a abrir uno de los párpados. Miró alrededor, evidentemente, todo estaba iluminado lo cual significaba que había faltado a la primera clase. Levantó la mitad de su cuerpo de un brinco, su cabello estaba alborotado, sus ojos tenían ojeras de rímel, seguía puesto un arete y la blusa de la noche anterior. Su vista estaba entre borrosa y desenfocada, no sabía si todavía estaba borracha, drogada o ambas. Arrastró el cuerpo hasta el baño, conectó su ipod a las bocinas, arrojó la toalla sobre el retrete y entró a la ducha.
La música la motivó a salir al mundo exterior con una sonrisa, pero éste la recibió con un sol intenso, un ambiente ruidoso, la masa de gente caminando rápido por las banquetas estrechas y el claxon de una camioneta. Metió la mano a su bolso y volvió a recurrir a su ipod, se puso los audífonos y se dirigió a la facultad de medicina que estaba ubicada –maravillosamente- a seis cuadras de su casa; hizo una escala en la cafetería para comprar un expresso doble y un sándwich. Mientras caminaba entre las jardineras del centro universitario tratando de encontrar caras conocidas, una de sus compañeras de clase la jaló del brazo.
-¡Qué buena fiesta! –dijo en tono sarcástico.
-¿Se me nota?
-Deberías verte la cara, estás en automático.
-¡Ya se! Creo que se me pasó un poquito la mano. Entre que tomé dos cervezas y luego trajeron una de whisky… y se supone que tengo prohibidísimo beber, je, je, je. ¿Si te conté que me aumentaron la dosis de Rivotril?
-Carmen, estás loca, hasta que no te de un paro respiratorio te pondrás en paz.
-¡Bah! No es para tanto, me veo un poco destruida pero sin perder el estilo. –comentó sacudiendo su cabellera de lado a lado en tono burlón.
-¿Cómo puedes peinarte con secadora todos los días? ¡Qué pereza!
-No lo sé, simplemente me levanto. ¿Dónde están los demás? ¿No hubo clase?
-Están con Chavoya, en el anfiteatro. Resulta que hoy es el día que nos enseñará cómo incidir.
-¿Y por qué no estás ahí?
-También llegué tarde. Y si no eres bonita o arrastrada no te deja entrar.
-Yo quiero entrar. Nunca he visto un cadáver, ¿vamos?
-Carmela, llevan treinta minutos de clase. ¡Olvídalo!
-Pero el profe a mí me quiere. Tú no te preocupes, yo haré que nos dejen entrar. ¡Y no me digas Carmela, me choca! –dijo mientras se acomodaba el escote para que sus tetas bonitas estuvieran más a la vista.
Jesús se encontraba en la entrada del edificio, era el encargado de mantenimiento del anfiteatro. Un tipo de aspecto raro, casi tirando a feo, silencioso, con mirada penetrante, cabello chino opaco y una ligera joroba, les indicó con la mano a las chicas dónde se encontraba el profesor con el resto de la clase.
Abrieron lentamente las puertas de la sección de autopsias, Chavoya volteó rápidamente para mirar quién se atrevía interrumpir su clase, cuando Carmen asoma la mitad del cuerpo y acomoda su planchada cabellera rubia; le avienta una sonrisa hermosa cercada por unos labios carnosos y brillosos, dejando entrever una blusa naranja con los primeros botones abiertos exhibiendo discretamente unos senos.
-Carmencita, ¿qué horas son estas de llegar?
-¡Ay, profe, venimos de un funeral! Se murió la tía de Ernestina. –dijo con cara triste, mientras Ernestina asomaba ligeramente su rostro por detrás de Carmen.
-¿Cómo?
-Así es. A la pobre le dio un infarto, ¿Usted cree?
-¿Y viene así del funeral? –dijo mirando con escándalo aquella blusa naranja.
-¡Claro que no! Fuimos a mi casa, nos bañamos y nos cambiamos para venir frescas a su clase.
-Muy bien, sólo porque es Usted haré la excepción, pero que no se repita. No me gustan las interrupciones, prefiero que no entren a clase y pidan las notas a sus compañeros.
Carmen tomó de la mano a su compañera dirigiéndose a una de las planchas que tenía menos estudiantes para colocarse en un espacio vacío que estaba cerca del muro; miró la cara de sus compañeros, la mayoría tenían cubre-bocas, el olor a formol fenicado se intensificaba conforme pasaban los minutos. Entre la cruda, el mareo, el olor a pollería y las secuelas de la mezcla de whisky con Rivotril, comenzó a sentirse extraña de repente, cuando bajó la mirada había un bulto sobre la mesa metálica, era el cadáver de un masculino entre cincuenta y sesenta años, con una gama de colores que iba desde el amarillo, pasando por un ligero verde y concluyendo en las extremidades con un tono violáceo.
Sentía que todos la miraban de manera extraña, imaginaba que Chavoya podía darse cuenta de lo que estaba pensando. Tuvieron un breve receso y reanudaron la clase con la parte práctica: cortar y desmenuzar aquél cadáver que tenía a escasos veinte centímetros de distancia. Mientras el profesor se movía de grupo en grupo, asesorando a los estudiantes para que aprendieran hacer cortes para cirugía, Carmen tomó uno de los instrumentos punzocortantes que había, y sin pensarlo dos veces tomó la mano del cadáver; con una mano sostuvo el rígido dedo índice, con la otra empuñó el bisturí, enterró la punta justo a la mitad y empujó con fuerza, percibiendo perfectamente el sonido del rebanar del tejido, logró deslizarlo sin problema hasta que se topó con el hueso, comenzó hacer cortes rápidos tratando de reventar la unión entre los falanges, y en un acto de desesperación arrancó el dedo con todas las fuerzas hasta desprenderlo.
Se le salieron los ojos a Ernestina cuando vio aquella escena, comenzó a hacer señales con la mirada para que dejara el dedo en su lugar, Carmen se hacía como que no la veía, Ernestina le soltó un codazo pero Carmen lo guardó en la bolsa de su bata. En cuestión de minutos, el profesor Chavoya llegó al grupo de alumnos donde estaban el par de chicas; Carmen por su parte, olía discretamente el aroma impregnado en sus dedos.
-Carmencita, ¿se siente bien?
-¡De maravilla, profe! ¿Por qué lo duda?
-La veo muy pálida.
-Son los nervios, nunca he cortado a un muerto. –sonrió.
El profesor se colocó atrás de la muchacha para tomarle por el brazo y dirigir su mano. Carmen se desconectó del mundo real. Sentía como una fuerza externa guiaba su mano mientras una línea sobre la piel muerta brotaba con aquél filo del metal. Se apreciaba una amarillenta capa de grasa sólida. Imaginaba que podía olfatear la adrenalina de sus compañeros, era como un aroma amargo que taladraba su cerebro. De pronto, le sorprendió ver como todos sus compañeros se lanzaban sobre el cuerpo para meter sus manos y arrancar las vísceras congeladas desesperadamente mientras otros las arrojaban violentamente a una charola metálica.
Esa sensación de vértigo, la obligó a respirar profundo y levantar la mirada rápidamente. Se percató que había tenido un viaje; todos sus compañeros estaban inmóviles observando. Minutos después, salió corriendo hacia el baño para mojar su rostro y humedecer su cabello, se miró en el espejo y observó unas extrañas ojeras, ahora ella parecía un cadáver de diez horas de fallecimiento. Se metió al sanitario, cerró la puerta, y se colocó para orinar. Justo intentó subirse el pantalón cuando sintió algo en la bolsa. ¡El dedo! –pensó en voz alta. Tomó su mochila buscando la bolsita zipploc del sándwich que compró en la cafetería, tomó el dedo y lo aventó a la bolsa hermética.
. . .
Dormía con un antifaz para que la luz no le impidiera conciliar el sueño, estaba semidesnuda, con el ventilador soplando un aire delicioso. A lo lejos escuchó timbrar el teléfono, e inmediatamente después, la voz de su madre quien le gritaba que lo contestara. En cuestión de segundos alguien tocó a su puerta; era la madre avisándole que la llamada era para ella.
-¿Quién habla?
-¿Carmen?
-Sí, soy yo, ¿quién habla?
-¿Qué te robaste un dedo del anfiteatro?
-¿Miguel?
-¡Dime, ándale! Ernestina le contó a medio mundo que te robaste el dedo, ja, ja, ja.
-¡Qué chismosa! Maldita mujer, por mí la dejaron entrar a la clase.
-Amiga, ¿te acuerdas que hoy es la fiesta de Flor?, Pues será en el bar de mi amigo Mike. ¿Si te acuerdas que me acompañarías, verdad?
-¡Buenísimo! Tengo mucho que no veo a Mike. ¿Y en cuánto tiempo pasas? –preguntó bostezando-. La verdad quiero dormitar un poco, llevo cuatro días sin poder dormir.
-Pues que esta noche sea la última, amiga. Pasaré por ti a las doce. Llegaré con una botella de ron, nos tomamos unas bebidas camineras, y me platicas la historia del dedo. Ya mañana descansarás.
-Ja, ja, ja. Está bien, te veo en un rato. Un beso.
Se escuchó el timbre de la puerta; Carmen automáticamente cogió el bolso, metió la cartera, sus cigarros, las llaves, la marihuana y… –dudó por un momento- buscó su mochila, la abrió y sacó el dedo para meterlo a su bolso; se bañó en perfume y salió corriendo.
Mientras Carmen platicaba la anécdota del dedo, Miguel carcajeaba y bebía de un ánfora llena de licor. Llegaron al evento, dejaron el auto en el ballet parking, entraron al bar y comenzó la procesión de saludos sociales. La música estaba increíble, había pizza con ingrediente mágico, jelly-shots con vodka y barra de martinis.
Carmen comió un trozo de pizza con marihuana y bebió cuanto brebaje le pusieron enfrente, sacó un cigarro y lo prendió. Llevaba como unas tres bocanadas, cuando comenzó a ver que las luces se volvían más intensas; sus manos se volvieron pesadas, cual anclas que sostenían el cuerpo de helio en que se había convertido, ella sentía que flotaba cada que se movía. La música comenzó a incrementar su sensación de euforia y excitación. Bailó por horas hasta que sintió un fuerte mareo, obligándola a recorrer la pista en busca de su amigo.
-¡Miguel! Me siento rara, me dio como un mareo –dijo con tono de angustia, mientras Miguel y un grupo de amigas reían.
-¡Amiga! Estaba contando a Flor y Alexia que te robaste un dedo de la escuela y Ernestina cuando te vio se puso histérica.
-¿En serio te robaste un dedo? –preguntaron al unísono.
-Sí. Es como un mareo pero no, como si me fuera desprender del cuerpo… ¡Ando bien viajada, wey!
-¿Y por qué te lo robaste? –Interrumpió Flor.
-Para asustar a Ernestina. –contestó sonriendo. Fue tan divertido ver su expresión de espanto, que lo volvería hacer. En serio, fue muy chistoso.
-Pues yo no creo que lo hayas hecho, eres demasiado nena para esas cosas. Si la vez que organizaste el after en tu casa, te pusiste como loca cuando la gente comenzó a ensuciar la sala. –dijo Flor con expresión incrédula.
-¿No me crees?
-La verdad es que no.
-No tengo motivos para mentir. Además lo que sucedió en mi casa es diferente. Si no me crees, te lo enseño. –dijo con voz retadora.
-¡Joder! ¿Te trajiste el dedo? –dijo Miguel escandalizado.
-¿Quieres verlo? –volvió a preguntar con insistencia.
-¡Nooo! –gritaron Miguel y Alexia.
-Sí. –dijo Flor desafiante.
Carmen buscó en su bolsón la zipploc con el dedo y la mostró a sus amigos. Todos quedaron estupefactos. Flor tomó la bolsa y miró detenidamente el dedo, parecía muy real, pero dudaba que fuera cierto.
-De seguro es de látex.
-No. Es real, míralo bien.
-Pues ya he visto dedos que hacen para efectos especiales y se ven idénticos a éste. –dijo extendiendo la bolsa de regreso.
-Te diré una cosa, si realmente quieres saber si el dedo es falso o no, ¿por qué no lo hueles? El látex huele a plástico, no huele a carne macerada en formol.
Flor titubeó al observar la mirada maliciosa de Carmen, pero se armó de valor, tomó nuevamente la bolsa, abrió la cinta hermética y metió la nariz. Evidentemente, su cara se puso amarilla, se tapó la boca, se levantó estrepitosamente del sofá y abrió camino ferozmente hacia el baño. Carmen reía descontrolada, sus amigos la observaban atónitos, Alexia terminó soltando una carcajada de lo inverosímil del suceso.
-No puedo creer lo que está pasando. A ver, déjame tocarlo.
-¿Por qué no lo hueles? –dijo Carmen riendo.
-No, gracias. Amiga, yo sé que no eres mentirosa. Además, mis sentidos del tacto y de la vista son mejores que mi olfato, créeme.
-¡Estás loca, wey! En buena onda, te digo, estás loca. –decía Miguel histérico.
-¡Ay, ya! No aguantan nada, el lunes lo regreso.
-¡Ajá, el lunes! ¿Y mientras, qué? ¡Se te va llenar de porquería y gusanos! Esa cosa es un nido de bacterias.
-Claro que no, lo meteré al congelador.
-¡Excelente idea! Puedo ver perfectamente cómo el domingo por la mañana tu mamá se levantará a hacer el desayuno, abrirá el congelador y se encontrará un pinche dedo morado sobre la carne congelada. Ja, ja, ja, ja, ja… ¡Estaría buenísimo! –rió sarcásticamente.
-Alexia, a ver si te enteras que no soy tan tonta, claro que no lo dejaría así. ¡Ash! ¡Me chocan! –se levantó del sofá, cogió su bebida y se fue.
-¡Carmen! ¡Carmen! ¡Llévate tu pinche dedo asqueroso! –gritó Miguel.
Mientras caminaba molesta se encontró un grupo de amigos que tenía mucho sin ver, llegó a saludar y se puso a bailar con ellos. Después de un rato, se dirigió al baño; entró a uno de los sanitarios, puso papel sobre el retrete y reposó sobre él. Un grupo de chicas arribó al lugar, mientras una orinaba, otra de ellas platicaba impresionada sobre el dedo de un muerto que le habían mostrado. Al escuchar el comentario, Carmen estrelló su mano contra la frente y negó con la cabeza, efectivamente, se corrió el chisme. Salió del baño corriendo y se dirigió hacia la mesa donde estaban sus amigos, encontró sólo a Alexia; miró la mesa tratando de ubicar el dedo y guardarlo, pero ya no estaba.
-¿Y el dedo?
-Se lo llevaron.
-¡¿Cómo que se lo llevaron?! ¿Quién se lo llevó? ¡Wey, por qué dejaste que se lo llevaran!
-Pues yo que iba a saber.
-Ay, Alexia, si alguien se asusta y le habla a la policía, nos vamos a meter todos en graves problemas.
-¡¿Todos?! No, amiga. Tú te lo robaste y todavía te lo trajiste.
-¡Ayúdame a buscarlo! ¡Por favor, por favor, por favor!
-Está bien, te acompaño, pero… ¿Por qué te pasan estas cosas a ti? ¡Me chocas!
Recorrieron la barra, los baños, los pasillos, la terraza, preguntaron a sus amigos, a los conocidos; por último fueron a la pista de baile, había alrededor de setenta personas bailando bajo la influencia de ritmos electrónicos, cuando de pronto vieron que algo volaba de extremo a extremo por encima de la masa.
-¿Qué es eso?
-¿Qué?
-Lo que se están aventando como si fuera un condón inflado.
-Pues no tiene forma de globo, parece como un dedo en una bolsa de plástico.
-¡No lo puedo creer! ¡Se están aventando el dedo! ¡¿Acaso la humanidad se ha vuelto loca?!
-Amiga, qué puedes esperar de la humanidad cuando una morra le arranca un dedo a un cadáver para asustar a sus amigos, y aparte, lo presume en una fiesta.
-En lugar de burlarte, mejor diles que te avienten el dedo.
Por fin lograron recuperar la prueba del delito, Carmen lo guardó nuevamente en su bolsa y no volvió a salir de ahí por el resto de la noche. Terminó la fiesta de Flor y se fueron a seguirla a casa de Miguel. Carmen y Alexia se encontraban ahogadas en alcohol. Eran las siete y media de la madrugada, se metieron por la cocina y se detuvieron a comer algo para bajar la borrachera.
-Creo que ya me voy a dormir, ya no puedo seguir bebiendo, estoy súper pedo.
-¿En dónde vamos a dormir nosotras? –preguntó Carmen.
-En el cuarto de mi hermana, ya sabes cuál es. En fin, que pasen buenas noches, hermosas.
-Buenas noches. –contestaron ambas.
-Yo voy al baño, te veo arriba. –dijo Carmen.
-O.k., en un momento más subo. –masculló Alexia.
. . .
Se escuchaban los pasos de su amiga alejarse cada vez más, mientras ella seguía sumergiendo unas galletas en la leche, de pronto, tuvo un flashback; recordó el dedo que traía Carmen en la bolsa. Volteó hacia el comedor y miró la bolsa de Carmen, corrió hacia a ella y sacó la zipploc.
Entró al cuarto sigilosamente esperando encontrar a su amiga ya dormida. Carmen se había quitando la ropa y estaba distendiendo la cama. Alexia se metió al baño y puso el seguro.
-Amiga, ¿Qué lado de la cama prefieres?
-El que sea. Oye, me voy a dar un baño. Muero del calor, quiero ver si con el agua fría se me baja un poco lo ebria.
-¿Te sientes mal?
-Mareada.
-¿Te ayudo a vomitar?
-No, quiero bañarme.
-O.k. Cualquier cosa que necesites, me gritas, ¿va? Yo me voy a dormir, estoy muerta.
La puerta del baño tenía un gran espejo incrustado, Alexia se desnudó y se miró en él, sonrió al ver su imagen, se veía bien con su cabello negro ondulado, su sostén y bragas púrpuras. A pesar de la hora, su maquillaje seguía luciendo bien, se agachó para recoger su monedero del suelo y sacó de ahí una pipa y un mini encendedor. Inhaló en tres ocasiones. Se metió a la ducha y cerró la puerta de cristal, pero el ángulo de la arquitectura del baño, le permitía ver su reflejo perfectamente en el espejo de la puerta, toda su desnudez se proyectó ante sus ojos; abrió la ducha y el agua tibia corrió sobre su cuerpo.
Frotó su cabello, enjuagó su rostro, y comenzó a enjabonar su abdomen y pelvis provocando una sensación muy agradable. Con la otra mano comenzó a tocar su vulva para enjuagarla y excitarla. El jabón recorría gran parte de su cuerpo, generando una reacción calurosa, ciertamente, el cristal que había ingerido todavía surtía efecto. Dejó el jabón en un costado y comenzó a frotarse todo el cuerpo mientras recordaba que yacía su amiga semidesnuda en la cama, eso le generó una fuerte adrenalina; le excitaba pensar que se estaba masturbando en un baño desconocido, con una hermosa mujer esperándola. Cerró la ducha, exprimió un poco el cabello y sacó de su bolsa el dedo. Se metió nuevamente a la bañera y se sentó sobre una barda que separaba la zona de la regadera y la ducha de mano.
Sus nalgas sintieron lo frío del mármol, recargó su espalda en la pared y abrió las piernas, colocó la bolsa zipploc en su abdomen. Comenzó a masturbar su clítoris y a frotar sus senos, mientras veía aquel trozo de carne morada. Tomó el dedo con todo y bolsa con su mano derecha y comenzó a restregarlo en su pelvis; la sensación de algo rígido presionando y separando sus labios vaginales le producía mucho placer. Fue bajando el dedo lentamente por los labios hasta llegar al vestíbulo de la vagina, introdujo lentamente el dedo por aquél orificio mientras su mano presionaba circularmente el glande hinchado de su clítoris, empujó suavemente aquél conjunto de falanges en total deterioro y se dijo en un susurro: “mételo, mételo, así, despacito… despacito”.
Obtuvo su orgasmo, pero ella sentía que se incendiaba por dentro. Bajó la mirada y observó que su glande todavía estaba duro, necesita venirse una vez más. De manera que, se recostó en la barda y con la ducha de mano dejó caer chorros de agua fría sobre sus labios vaginales.
Siguió frotando fuertemente sus carnes, nuevamente tomó el dedo para introducirlo por su ano. Entró aquel objeto extraño sin ninguna objeción, la fricción que producía su mano derecha sobre el clítoris se volvía cada vez más dolorosa. Se escuchaba el crujir de la bolsa de plástico estrujada por la comisura de sus nalgas, empujó y empujó hasta donde pudo. Apretó fuertemente su esfínter para sentir aquel bulto en lo interno de su ser, de pronto, una sensación inundó su vejiga, era como si deseara orinar, soltó el abdomen, pero sus piernas se entumecieron; su cara se puso roja dejando entrever las venas hinchadas de la sien, mientras seguía friccionando su punto erógeno frenéticamente, resultando un fuerte disparo de fluido que salpicó hasta la puerta de cristal.
Salió de la ducha, tomó una toalla y comenzó a secarse, recogió la zipploc, aventó la toalla al piso para no dejar restos de agua por doquier y se colocó por encima, después se estiró para tomar su bolso guardando la pipa y el encendedor que estaban sobre el depósito del retrete; por último, removió los papeles que estaban en el cesto de basura y hasta el fondo colocó el dedo.



5 Comments:
¡Bravísimo!
En la penúltima línea "papeles", en lugar de "papales" a menos que haya sido a propósito la blasfemia.
Excelente trabajo.
Hey, muchas gracias! Ya vi que se me fue el dedo de más, jejejeje.
Saludos!
ESTA BUENISIMO!!!
FELICITACIONES POR EL DON DE ESCRITURA Y POR SER UNA PERSONA TAN INTERESANTE, ME TIENES AFERRADA A TUS ESCRITOS!!
UN BESO.
¡¡¡Que manera de escribir!!!!
Me encanta leerte.
besos
Puff...Electrizante...escalofriantemente erótico...Felicidades mi ninfa...Esquisito
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