Chaqueta Laboral # 14 / Sábado 24 de enero de 2009

If you look at him and all he’s done
And you look at me and I am numb
And I look at how I like to see
Myself in you and you in me
Then I wonder how we’ve softened up
And the rub it were is buttercup
Something got my throat an your head it seems
It’s not in you and it’s not in me
It’s my blood (there’s nothing there to hold between)
It’s my blood (what is there and what is seen)
Just my blood (there’s nothing there to hold in me)
My blood.
If we started up with not enough
The I look at when we’ll not be rough
But we started rough and you turn away
From the thing that looks upon your face
Say I’m what I seem to be
And we left with something torn between
A moment’s love can be forgot
But a moment’s pain stains our cuff
It’s my blood (there’s nothing there to hold between)
It’s my blood (what is there and what is seen)
Just my blood (there’s nothing there to hold in me)
My blood.
Bad blood – Simian Mobile Disco (feat. Alexis Taylor)
21.15-23.45 Hrs.
Llegó por mí en una camioneta roja, marcó a mi celular y colgó. Tomé mis cosas y bajé las escaleras corriendo, abrí la puerta y me acomodé en el auto. Desde el primer beso de saludo tuve la sensación de que esa noche sería intensa. Llegamos a la fiesta. Subimos las escaleras de madera y entramos al bar; como siempre, había algunas tantas caras conocidas y otras nuevas. Nos sentamos en la barra y pedimos un whisky de litro, prendí mi cigarro y di un sorbo a mi bebida. Se acercó Imelda a saludar, teníamos mucho sin vernos, nos dimos un abrazo efusivo y le presenté a Karla. Después de llevar charlando varios minutos, Karla comenzó a meter sus dedos por debajo de mi blusa de manera muy discreta, sobó con la punta de su dedo una a una las vertebras de mi espina dorsal. Encontró el broche del brassiere y recorrió el resorte hasta llegar debajo de mi axila. Imelda notó mi expresión de sorpresa, sentí como se detenía la punta del dedo justo en la comisura del brazo, una fuerte sensación de cosquillas me estremeció. Seguimos platicando hasta que Ximena se unió para saludar a Imelda, intercambiaron unas cuantas palabras mientras Karla me toma de la mano y me acerca a su boca:
-¿No quieres ir a comprar unos cigarros? –dijo con tono suave.
-Todavía me quedan unos, ¿por qué?- pregunté.
-Pero se terminarán pronto, podría secuestrarte un momento y acompañarte a la tienda a comprar cigarros.
-Ya veo tu interés de salir a comprar cigarros.
-Será algo rápido, no te entretendré mucho, lo prometo.
23.45 - 00.25 Hrs.
Karla se estacionó cerca de una agencia de autos, la calle estaba oscura y no se veía mucho movimiento de gente. Apagó el motor de la camioneta, subió los cristales, seleccionó una carpeta de canciones y se abalanzó sobre mí; mientras me besaba con su aliento alcohólico me desabotonó la blusa, tomó mis piernas y me jaló hacia ella tirando de mi falda con todo y bragas, desabrochó mis converse arrojándolos por un lado del asiento y me empujó hacia la puerta. La camioneta era doble cabina lo cual la hacía muy espaciosa. Uno de mis brazos se recargaba en la codera de la puerta y el otro se sostenía del cuello del asiento; mis piernas estaban abiertas y una mujer me lamía encarecidamente introduciendo sus dedos de uno en uno, empujando mi pelvis con el giro del dorso de su mano.
-Eres una puta, me encanta cogerte donde se me pegue la gana. – dijo, sin voltear.
-Te gusta coger en la calle y que nos vean, ¿verdad, cochina?- le contesté.
-Me encanta exhibirte, que vean lo que me como. Quiero que me mojes los dedos. Así chiquita, lubrícame la mano, que te la meteré toda.
-¡Argg! ¡Qué rico!, me encanta que te pongas así de salvaje.
Empezó a meter el quinto dedo y girar lentamente para introducir la mano completa; mientras empujaba su mano seguía tocando con la punta de su lengua mi clítoris a punto de reventar de la excitación. Su cúbito y el radio quedaron envueltos en mi vagina, una fuerte sensación de transgresión invadió mi cuerpo. Cuando miraba mi vagina podía apreciar su brazo moviéndose intempestivamente como si fuera un enorme falo. Colocó la mitad de su cuerpo encima del mío sin dejar de moverse frenéticamente. Su sensación de poder era inconmensurable, gemía fuertemente, lamía desesperadamente mis tetas como si planeara arrancarlas a mordidas en cualquier momento.
-Cógeme fuerte, así como sólo tú lo sabes hacer, mamita. – Le dije.
-Ábrela, ábremela toda.
-No, porque me vengo, todavía no quiero, quiero que me cojas más.
Siguió metiendo hasta topar su puño, como si quisiera partirme en dos; era mi castigo por provocarla. Sus gemidos se tornaban más secos, más como de mujer poseída; metía y sacaba el brazo frenéticamente, hasta que ya no pude más y comencé abrir mi vagina plácidamente.
-Quiero que me salga tu brazo por la boca. Cógeme, así, así, fuerte, fuerte- le dije.
Acomodó mi cuerpo boca abajo, una de mis rodillas rozaba la palanca de velocidades, podía verse claramente mi culo por el parabrisas. Ella ajustó su cabeza entre mis piernas logrando chupar mis labios vaginales perfectamente. Comenzó a mover su brazo y mientras mi culo se erguía en el aire mi vagina se encontraba completamente asediada por una mano violenta y castigadora; mis piernas se tensaron, mi rostro comenzó a subir de tono, sentía mi clítoris tan hinchado que las venas de mi sien comenzaron a saltar. De pronto tuve esa sensación extraña en mi vejiga, no pude cerrar los ojos, solo miraba por la ventana de la puerta, pensando: “si alguien se asoma por esa ventana, me va mirar bien ensartada.” Mi quijada empezó a trabarse, mis piernas temblaron pronunciando un espléndido chorro de agua tibia que salía entre su puño y escurría por su boca. Conmocionada seguía moviendo el brazo fuertemente hasta que unas convulsiones se apoderaron de mi cuerpo y caí encima de ella sin poder mover un solo músculo más. Me recosté sobre la puerta e intenté acomodar mi cabello. Karla comenzó a sacar lentamente su mano de mi vagina. En cuanto fui libre me giré y puse mi cabeza sobre el antebrazo, me sentía agotada, el asiento mojado, mi ropa desaparecida, me encontraba totalmente desnuda. Apenas intenté acomodarme sobre el asiento cuando la puerta se abrió.
23.51 – 00.30 Hrs.
Se encontraba cansado mirando la televisión, ya se estaba haciendo noche y era momento de salir a regar las plantas. Ya sumaban alrededor de cuatro días en total abandono; cuando llegó de la oficina notó que algunas ya parecían algo tristes por falta de agua. Pensó que un día más sin regalarlas no implicaría gran problema pero un cargo de conciencia lo obligó a levantarse. Llegó primero a la cocina, sacó una salchicha del paquete del refrigerador, le quitó el plástico y comenzó a mordisquearla como puro. Abrió la puerta y fue por la manguera para regar el jardín. Había un gran jazmín justo en la cochera cubriendo gran parte del enrejado que daba a la ventana, lo cual para Benjamín estaba perfecto, así no dejaba entrar totalmente los rayos del sol además de cubrir su ventana y evitar las miradas morbosas de la gente que pasaba siempre frente a su casa, asimismo le producía un enorme placer oler el jazmín justo cuando bajaba de su auto.
Abrió la llave y comenzó a regar en la oscuridad, prefería pasar desapercibido. Se escuchó a lo lejos que su esposa preguntaba algo pero él le gritó que no alcanzaba a escucharla. Regó los rosales que estaban cerca del muro que daba a la casa de a lado. De pronto se estacionó una camioneta justo afuera del jardín. No escuchó el azote de las puertas, supuso que no bajaría nadie al mismo tiempo que oyó que encendían el radio y algunas risas.
Mientras seguía regando el pasto se acercó al jazmín y a las begonias, cuando de pronto escuchó un sonido como quejas o gemidos pero el correr del agua sobre la tierra no le permitía distinguir bien el ruido, pensó que tal vez estaba paranoico y era la misma música que sonaba. Descubrió que uno de sus ficus se estaba secando terriblemente, sus ramas lucían cada vez más secas y con poco follaje, colocó la manguera a un costado dejando fluir el agua sobre el pasto en lo que intentaba revisar en la semioscuridad el arbusto. De pronto se oyen fuertes gemidos, efectivamente no era su imaginación, se asomó entre las ramas del jazmín, intentó hacer un hueco para mirar mejor la camioneta y se encontró con una espalda desnuda pegada al vidrio, moviéndose extrañamente. Gritos, gemidos, más gritos: ¡Cógeme! Así, así.
El agua seguía corriendo por el jardín, Benjamín observaba pasmado: ¿Son dos chicas?, Sí, las dos tienen tetas. Pero cómo, qué le está haciendo, por qué grita así la otra. Un tremendo morbo se apoderó de Benjamín, no podía creer lo que sus ojos veían, estaban dos jovencitas desnudas cogiendo en una camioneta justo afuera de su jardín. Su esposa se acercó a tratar de mirar lo que tenía tan entretenido a su esposo, ya eran cinco minutos los que llevaba hablándole y no le contestaba, se acercó por detrás y preguntó: ¿qué miras, chismoso? ¿De cuándo acá te interesa la vida de los vecinos?
El tremendo susto que le causó el comentario de su esposa lo dejó mudo para responder a la pregunta, la mujer intrigada se asomó por entre los arbustos del jazmín tratando de identificar lo que tenía a su marido tan absorto. Enfocó su vista, había una camioneta roja justo estacionada afuera de su casa, se veía a una chica desnuda que daba frente al vidrio de la puerta, sosteniéndose del marco, con los ojos cerrados, las tetas al aire haciendo expresiones de placer desbordado.
-¡Jesucristo! Tenemos que hablarle a la policía.- Exclamó la señora.
-¿Tú crees que sea necesario?
-Pero todavía lo dudas, Benjamín, ¡Por Dios! Eso es un insulto a nuestro hogar, que la gente se vaya a los moteles, por qué tienen que venir a hacer sus porquerías afuera de nuestra casa.
-Puede ser que no las dejan entrar a un motel. No tengo idea si a las lesbianas las dejen entrar a esos lugares.
-No me importa, pásame el teléfono… ¡Ándale, no te quedes parado como idiota!
00.25 – 01.15 Hrs.
Se estacionó justo a unos metros atrás, bajó con una linterna y alumbró la cabina del auto, se percató de dos féminas entre 20 a 25 años, desnudas. Hizo una señal de silencio a su compañero. Abrió la puerta de la camioneta intempestivamente descubriendo a una de las chicas completamente sin ropa, cruzando sus piernas rápidamente para cubrirse.
-Se visten, por favor, tenemos una queja de los vecinos. Vamos a proceder a llevarlas por faltas administrativas.- Dijo el policía.
-¿Podría cerrar la puerta en lo que me visto?
-Pero no se tarde.
-¿Qué vamos hacer? Nos van a llevar a los separos municipales, ¿verdad? ¡Del terror!- Dije en cuanto cerró la puerta.
-Deja le llamo a un amigo que está en la policía.- Respondió Karla.
-¿Pero por qué tantos policías? Ni que fuéramos de algún cartel.- Dije, mientras comenzaba a vestirme.
-Les vamos a pedir que por favor, venga alguien por la camioneta, ustedes se van a subir a la patrulla.- Nos dijo el policía
-Señor policía, ¿de verdad es necesario que nos lleve?- Pregunté con cara de angustia.
-Tenemos varias quejas de los vecinos y lo que ustedes hicieron son faltas a la moral.
-¿Puedo marcarle a una persona o Usted me puede comunicar con él? Es el comandante Alberto Ortega Orozco, para comentarle de este asunto.- Dijo Karla con mucha seguridad.
-A ver permítame.
Se acercó a un compañero susurrándole el comentario de la chica. Se acercó otro a preguntar y estuvieron deliberando hasta que uno asintió con la cabeza. Uno de ellos tomó el radio.
-Sí, tenemos un 52, quiere un 53 con el comandante Ortega, dice conocerlo. Sí, por un 24-16 en la calle Francisco de Quevedo casi Circunvalación Agustín Yáñez. Sí, 37-35, bien, 4.
Se acercó a la chica. -Le marca Usted directamente a su celular, y después me lo pasa.- le dijo.
Tomó su celular y marcó, se bajó de la camioneta y comenzó a caminar de un lado a otro por la banqueta, mientras a mí me seguía mirando libidinosamente uno de los policías. Ella estaba abstraída hablando por teléfono. Se acercó al auto, y cruzó la mirada conmigo cerrando coquetamente un ojo, siguió hablando por teléfono pero ahora el tono de voz era un poco más juguetón: “Sí, sí, lo sé. Te lo juro que no vuelve a suceder. Ya está, te parece si lo dejamos entonces para el jueves. Sí, me parece perfecto. O.k. Muchas gracias amigo, y disculpa la molestia. Sí, te lo comunico. Besos. Ciao.” Quiere hablar con Usted.- le dijo al policía.
Tomó el teléfono. “Dígame comandante. Si, efectivamente fue un 16, se encontraron haciendo faltas a la moral. Sí, está bien, comandante. Como usted indique, comandante. Está bien. Entendido. Buenas noches.”
-Muy bien, señoritas, se pueden ir, pero por favor que no se repita.-Les advirtió.
-No se preocupe, oficial, no volverá a ver una escena como esta de nuevo. -Dijo sonriendo suciamente mientras prendía la camioneta. Sacó un cigarro, subió un poco el cristal, prendió el radio y le mandó un beso.
-¿Quieres regresar al bar o te gustaría terminar este asunto en tu casa? –Me preguntó.
No pude más que sonreír a su pregunta, me tomó de la mano y la puso sobre la palanca de velocidades y volviéndome a cerrar coquetamente el ojo, arrancó.



9 Comments:
ufff excelente como siempre!
temblé solo de leerlo :)
no nos abandones tantoo!!
un beso
Prometo que ya escribiré con más frecuencia... :)
Gracias, por la visita.
me encantan tus historias!!
por un momento pensé que Benjamín sería el que abría la puerta de la camioneta. hahaha.
aquí andamos al pendiente también.
hasta prontin :)
Soy fiel lectora desde hace años.
Gracias por cada lectura y placer que me has provocado sin saberlo jeje
Un abrazo
Vecinos y no vecinos, muchas gracias por venir a este nido, espero poder ser mejor anfitriona y poder ofrecerles más cosas pronto.
Estrujones para todos! ;)
me encanto tu historia yo viví algo similar.. pero creo que desde tu cabesita quedo mejor. Un besote
ah, tenía rato que no me asomaba por aca, como siempre me encanto!.. re like!!!
Me habian comentado q leyera algo...mmm porque no lo habia hecho! ja...ya lo hice y quedo con sonrisa del dia!!
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