martes, junio 28, 2011

Chaqueta Laboral # 15 / La joya de occidente...

Foto: Iggy & The Stooges / Asscheman

Escena 1

Llega mi amiga con un grupo de chicos del D.F. Sólo ubico a Octavio quien es el novio de Nash, el resto me es totalmente desconocido; sobresale uno cuyo peinado atrapa mi atención: “es como el peinado de Tim Burton” pensé. Diego lo mira absorto, su rostro luce transformado, como si estuviera mirando extasiado una exposición de Robert Mapplethorpe. Nuestras miradas se cruzan, levanto la ceja y exclamo con severo sarcasmo: “déjame adivinar, creo saber quién te cautivó”.

Entramos todos al mini estudio, fumamos, bebemos, platicamos, todo fluye muy bien hasta que Diego decide irse repentinamente. Lo acompaño a la puerta.

-¿Por qué te vas tan pronto?
-Estoy pacheco y ya no sé lo que hago.
-¿Y eso qué tiene que ver? Otras veces has estado pacheco con gente desconocida.
-Sí, pero es que no puedo dejar de mirarlo, creo que se dará cuenta. Mejor me voy.
-¿De plano? Bueno, sólo tú sabes.
-Mejor te marco mañana para ver qué hacemos.

Regreso con los demás y aunque intento enfocar mi charla en algo convencional no puedo dejar de observarlo. No estoy segura si es mi paranoia pero me da la impresión de que él también está haciendo exactamente lo mismo conmigo; ubico en algún momento de la charla una mirada “escaneadora”.

Escena 2

Un día cualquiera platico con Octavio por Messenger, sale al tema la ocasión que él y sus amigos visitaron Guadalajara -voluntaria o involuntariamente- comentamos de cada uno de ellos pero mañosamente pregunto más por el chico de peinado interesante. No recuerdo bajo qué pretexto solicito su correo electrónico. Lo agrego.

Después de un par de días por fin me acepta. En cuanto veo que se pone “en línea” establezco contacto. Conversamos sobre música, libros y el viaje. Tratamos diversos temas, pero repentinamente me descubro charlando con un enfoque un tanto perverso y provocador. Poco a poco se construye una extraña complicidad. Hablamos de nuestras cogidas, o mejor dicho, de nuestras prospectas para coger.

Escena 3

Ya es de noche, casi las diez. Platicamos como cualquier otro día por el chat. Me comenta que saldrá con una chica y quiere cogérsela, yo lo insto a ponerse algo sexy. Comenzamos a indagar su vestidor.

-¿Tienes una camisa negra?
-Sí.
-Un pantalón gris y una camisa negra, con tus botas estilo Johnny Cash.
-Me agrada.
-Grrrr.
-Ja, ja, ja, ja.

Escena 4

Nuevamente charlamos de cualquier cosa; me pregunta si saldré de vacaciones, respondo que no, que me quedaré en mi hogar. Después de un rato comenta que le gustaría conocer mejor Guadalajara, que si podría recibirlo; yo sonrío maliciosamente y respondo con un “a wuebo, me huele a plan”.

Acordamos que lo recibiría en mi hogar y comenzamos a coquetear a través de Messenger. Un tema lleva al otro, y de pronto me comenta que hay una canción que describe su estado de ánimo.

-¿Cuál canción?
-I wanna be your dog.
-No la ubico.
-¿The Stooges o Iggy Pop?
-Los grupos los ubico, pero la rola no.
-Espera, te la mando.

Escena 5

Nash y yo enfilamos rumbo al aeropuerto. Lo veo después de meses; justo cuando camina hacia nosotras me doy cuenta por qué me genera tanto morbo. Nos saludamos muy tranquilamente.

Después de haber convivido buena parte del día llegamos a mi casa. Fumamos mota y platicamos de mil temas. Comienza a extender su sleeping bag y se tira sobre él. Se hace de madrugada y comienza a bostezar.

-¿Estás seguro que quieres dormir en el suelo?
-Sí, no te quiero incomodar.
-A mí no me incomoda.
-De verdad, aquí estoy bien.

Apago la luz. Me acuesto en mi cama y él sigue en su sleeping bag, después de cinco segundos de oscuridad alguien comienza nuevamente la plática. Mientras la charla fluye escucho que se mueve constantemente. Supongo que está incómodo e insisto en preguntar si está seguro de querer dormir en el suelo. Entiende mi mensaje y accede a subir.

Se acomoda en la orilla de la cama dándome la espalda, un silencio extraño se hace presente. Supongo que en algún momento comenzará nuevamente la charla, pero no. Pasan alrededor de quince minutos, sigo con los ojos abiertos mirando su silueta. Pienso que él es demasiado decente, no se atreverá nunca a tomar la iniciativa. Continúo observándolo, de pronto algo calientito recorre mi pierna; efectivamente: estoy excitada. Tengo presente que me genera un tremendo morbo saber lo que sería manosearlo, ¿Cómo será su reacción?

Decido acercarme hacia su espalda y abrazarlo pero no hay una reacción ante mi acto. Coloco mi mano sobre su abdomen por unos minutos, espero a que despierte pero sigue en los brazos de Morfeo. Mientras estoy a la expectativa de que algo suceda, recuerdo la canción de The Stooges “…In my room I want you here, now we're gonna be face-to-face, and I'll lay right down in my favorite place…” ¡Pues a ver si es cierto! Pienso. Comienzo a bajar mi mano lentamente hasta tocar su ombligo para luego dirigirme a su pelvis; levanto suavemente su calzón, me encuentro con un pene dormido. Toco primero la base y recorro lentamente con mis dedos hasta llegar a la cabeza. Tengo años de no tocar uno, me da un poco de risa. Lo estimulo suavemente, siento como comienza a erguirse hasta ponerse totalmente erecto.

Escena 6

¡Eres una cabrona! Me dice mientras se voltea y se avienta encima de mí. Me toma de las manos, acerca lentamente su rostro al mío y me besa. Se viene un tumulto de ricos besos intensos y calenturientos, ansiosos y deseosos de transgredir mi lesbianismo y su heterosexualidad. Comienza a frotarse entre mis piernas, yo las abro con toda la provocación que puede albergar mi cuerpo, él me entiende, agarra su verga con una mano y acompañado de un jadeo, la introduce hasta el fondo.

En efecto, se la está metiendo a una lesbiana. Mientras todo está oscuro y no puedo ver su rostro me clavo en la sensación de como entra y sale un trozo de carne por mi vagina en repetidas ocasiones, comienza a generarme una sensación de lo prohibido.

Me pregunto: ¿Cómo puedo transgredir mi condición lésbica más allá del límite? “Atragantarme de su miembro viril”, es mi respuesta. Suelto el cuerpo despojándome de cualquier tipo de pudor, le pido que me ponga su verga en la cara, restriego mis mejillas en ella, abro la boca y con mi mano derecha la tomo para deslizarla por toda mi boca y después meterla hasta el cuello de mi garganta.

Me pide que me ponga boca abajo, me levanta el culo y se encima entre mis nalgas, su mano recorre la curva de mi entrepierna internándose cada vez más al grado de querer introducir uno de sus dedos por mi ano. Un flashback aparece en mi memoria: estoy sentada en la taza de baño, siento que me arde el ano y que me escurre un líquido, volteo hacia abajo y al separar mis piernas veo que el agua esta roja. Me levanto y confirmo que es sangre. Introduce el segundo falange distal por el orificio, y automáticamente aprieto el esfínter y no dejo que nada entre por él, me acuesto por completo en la cama y me volteo.

-¿Qué pasa? Apenas estoy metiendo el dedo y automáticamente tu libido se apaga.
-Tengo problemas con que introduzcan cosas por mi ano.
-Pero es mi dedo.
-Lo que sea. Tuve una situación muy incómoda y la verdad no puedo dejar la paranoia de lado.
-O.k.

Me abraza en “cucharita” y frota con su mano libre todo mi cuerpo, manosea mis tetas, estimula mi clítoris, me besa el cuello, me chupa la oreja y me prende nuevamente. Volvemos a coger hasta que se viene. Se viene y no tiene preservativo. Le pido que no se salga, quiero sentir como se encoge dentro de mí.

Sigo caliente, quiero más porque estoy acostumbrada a durar horas cogiendo con mujeres. Le pregunto si está dispuesto a todo. Obviamente me pregunta qué es todo. Tomo su mano y le pido que meta dos dedos por mi vagina. Los mete, pero luego le demando que introduzca un tercero, un cuarto y un quinto. Tomo su muñeca y la empujo hacia dentro, el sigue moviendo la mano hacia afuera y hacia dentro con mucha prudencia, cojo su brazo y lo empujo, lo empujo, lo empujo… ¡Arggg! Veo una luz blanca que me ciega, pero entra toda la mano por completo.

Hace una exclamación de asombro. Le pido que despacito empuñe la mano. Lo hace con miedo, cada dos minutos pregunta si estoy bien. Le pido que mueva el puño como si fuera su miembro, hacia delante, hacia atrás. Comienza a cogerme con el puño, descansa su cabeza en mi abdomen, siento su boca abierta jadeando. El movimiento se vuelve más fuerte, más rápido, empieza a emocionarse; tremenda cogida me está poniendo e inconscientemente me voy moviendo hasta que de repente me desequilibro de la cama. Me sostengo del mueble donde guardo mi ropa, pero la mitad de mi cuerpo está volando. Me sigue cogiendo, rápido y fuerte. Ya mis brazos se cansan y no puedo sostenerme más, me dejo caer por completo al suelo zafándome de su mano. Me levanta y me acuesta, a los cinco minutos me quedo dormida.

Escena 7

Está a punto de entrar a la sala de espera. Trae su maleta en el hombro, busca su boleto de avión y lo coloca en su bolsa trasera del pantalón. Voltea a verme, me sonríe y me dice:

-¡Demonios! no me quiero ir.
-Lo sé.
-Muchas gracias por tu hospitalidad, por lo que veo las tapatías son muy acogedoras.
-Así es, cuando quieras, ya sabes.

Después del momento sarcástico nos miramos sin decir nada por unos segundos, me abraza y correspondo con gusto, me da un beso en la boca y se despide.

Escena 8

Recibo un correo de Ramón en mi bandeja de entrada con el título: La Joya de Occidente.

Lo abro y dice:

Te besaría hasta pulverizarme los labios. Te chuparía el cuerpo entero, hasta sacarte el tuétano, para que la materia de tus huesos se confundiera con la de mi estómago. Me dejaría triturar entre tus dientes hasta convertirme en una masa sin forma, en una cosa sin nombre, un molusco en el abismo, un reptil australiano; para después, así derramado, regresar a hombre entre tus piernas.


  

So messed up I want you here
In my room I want you here
Now we're gonna be Face-to-face
And I'll lay right down In my favorite place
And now I wanna be your dog
Now I wanna be your dog
Now I wanna be your dog
Well c'mon
Now I'm ready to close my eyes
And now I'm ready to close my mind
And now I'm ready to feel your hand
And lose my heart on the burning sands
And now I wanna be your dog
And now I wenna be your dog
Now I wanna be your dog
Well c'mon

The Stooges – I wanna be your dog

(Haz clic en el Soundtrack Vouyerista)

2 Comments:

Blogger B. Rimbaud said...

Simplemente sublime... me encanta cuando lo erótico y lo transgresor se vuelven uno mismo y más con tus detalladas descripciones...Gracias!

9:12 AM  
Blogger La ninfa vouyerista said...

Mi queridísimo Rimbaud! Es un regocijo leer tan bonitas flores... jajajajaja! A ver cuándo me toca invitarle unas chelas! ;)

11:08 AM  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un vínculo

<< Home