Crónicas Misceláneas / Disertación visceral...
El punto es que tengo que aclarar que, justo en este momento mi percepción se desplaza entre lo real y lo onírico; es decir, hay una parte consciente de lo que hace mi cerebro en pro de escribir estas líneas, encontrar ciertas canciones en el productor del iTunes o escuchar claramente lo que sucede en mi entorno: María lava los trastes y Giovanna camina por la sala mientras habla por teléfono. Todo esto, significa que estoy procesando cierta información que se apega a la realidad común.
Pero hay otra parte de mi cerebro que está drogada, que de pronto me hace “querer descubrir cosas” relacionadas con lo que leí hoy; me refiero a cuestiones más abstractas, que me permitan entender conceptos como el «erotismo», «lo sagrado», y el «momento último»; todos ellos, relacionados con mi tesis, que es la materialización de mi más grande morbo. Leer a Bataille me entretuvo tanto, que dejé mis labores del inglés postergadas hasta mañana. Pero el resultado de esa lectura fue, que se volvió a manifestar aquella extraña sensación que involucra a mis vísceras: vomité.
Vomitar me es una labor muy sencilla, aclaro. Podría ser una excelente bulímica, con el simple hecho de mirar el retrete, vomito. Pero mi vómito de la tarde, fue parecido a uno que me sucedió de antaño… Cuando una mujer que la sociedad (o sea un grupo de psiquiatras) etiquetó de “loca” (porque estuvo encerrada en el Zapote por años) me obligó a comer jícama de un plato bastante insalubre. Por no disparar su psicosis o lo que fuere, me comí aquella jícama con tremendo asco; la cual vomité estrepitosamente en un árbol a unas horas de haberla ingerido. Recuerdo haber contado ese suceso a mi psicoanalista, y mientras comentaba con sumo desdén: “¡No me trago sus palabras, yo no le creo que esté loca”!; me miraba mientras acomodaba su manita entre la barbilla para responderme sarcásticamente: “Sí verdad, tan no te tragaste sus palabras que por eso las vomitaste junto con la jícama”.
Hoy vomité otra vez. Con sangre, con asco, con dolor, con angustia.
Pudieron haber sido varios factores. Entre esos, unas imágenes que vi durante la tarde. Y aunque justo al momento del impacto visual, haya relampagueado estrepitosamente en la oficina por tremenda lluvia. Esta imagen que me facilitó internet (Si Bataille viviera actualmente, estaría pegado a la computadora gran parte del día), refiere a un castigo público que hacían en la China de principios del Siglo XX, que lo bautizaron como Cien Pedazos.
¿Por qué 100? Y no quinientos, o mil, o tal vez quince. La verdad es que el número de cortes que le hagan al cuerpo, es lo de menos; de cualquier manera, el objetivo del castigo es que el individuo sufra hasta la agonía pero que su muerte sea paulatina. Lo importante aquí, es que el “monito en cuestión” padezca tanto vivir, al grado de desear con ahínco la muerte y no poder obtenerla.
En otras palabras, pareciera que el peor de los castigos creado por la humanidad para aplicarla sobre ella misma, es: que la vida duela tanto que desees morir desesperadamente, pero justo en ese momento que se lo pides al Universo, no te lo concede. Suena paradójico, cuando creo que generalmente la mayoría evita la muerte a toda costa, quien diría que en ciertos momentos, la muerte podría convertirse en nuestra mejor aliada.
A pesar de que he visto imágenes fuertes en varias formas y formatos: cadáveres de horas, de días, de meses olvidados en el anfiteatro, en películas, en fotografías, hubo algo en esa imagen que causó un estupor. Pero la cuestión aquí, es que al parecer el hecho de que a Bataille le haya generado tanta aberración fue lo que más me predispuso.
… para dar un ejemplo de horripilación, ¡a los pelos puestos de punta!
(Pág. 247, Las lágrimas de Eros, Editorial Tusquets, 1997)
Indagar, leer, buscar. Deseo descubrir lo que detona mi morbo. Ya entendí que el sacrificio es tan sólo una fracción, que el erotismo lo envuelve sólo de una parte y que la transgresión sólo es el móvil… pero, ¿qué es lo sagrado? Qué es eso que nos lleva a realizar cosas impresionantes, desorbitantes, demenciales… ¿animales?
Dialéctica, pulsión o angustia. Cualquiera de ellas, nos lleva al mismo punto de partida, sigo sin responderme la pregunta. Busco por ambos caminos. Descubrí que soy tramposa, porque veo la filosofía de Bataille como un gran machete que corta el espeso pasto de una jungla: la santería, como aquella selva que me proporciona todos los elementos a analizar.
A veces me descubro mirando más al machete que a la jungla, otras tantas estoy a la inversa, pero ambas están ahí. Cuando vi morir por vez primera a un animal en un sacrificio, lloré. Fue cuando presencié mi primera corrida de toros en Madrid, observar aquel animal escurrir sangre por su boca, jadear adoloridamente, bramar angustiado; evidentemente no pude mirar sus ojos, pero puedo asegurar que estaban envueltos en pánico, mientras un “humanito” lo miraba fijamente esperando ansiosamente el momento de su deceso. A pesar del sollozo y el malestar que me provocó la muerte de aquel toro, no vomité.
La segunda ocasión que mi vientre se encogió a tal grado, fue cuando sacaron del costal los gallos que serían sacrificados para mi ceremonia; en ese específico caso, yo fui el motivo por el cual dejarían de existir, terminarían sus cuerpos lánguidos y sin cabeza desangrándose lentamente sobre una serie de objetos religiosos. Me sentí espantosamente responsable, tan angustiada de pensar que efectivamente estaba su vida siendo ofrecida por la mía. Y que no sólo fui un espectador, sino también tuve que arrancar sus plumas de aquellos cuerpos calientes, moviéndose impulsivamente. Fue cuando pensé: ¿Qué pasaría si alguien me desollara y arrancara mis cabellos a un caldero repleto de objetos y cuentas de colores? Pero tampoco vomité.
A pesar de que estas experiencias me hacen entender tan sólo un poco más a Bataille, me falta acomodar algo en mi cabeza: tal vez la última pieza que me deje ver el rompecabezas completo. Justo ahora pienso: Si por algo fuese cierto que los muertos se pueden comunicar desde el más allá, entonces mi corazón se llenará de alegría, porque eso significaría que todas mis preguntas podrían ser respondidas.
Hundred angles lost
Fleeing from the beat and the pulse
Laughing like a fool
Playing for the heart and the soul
And the soul
Capture something read
Paste it to the edge of your bed
Someone will be there
Someone who will know what it says
What it says
Feel it break
Feel it break
Nothing's a mistake, or you
Feel it break
Elevate your fingers
Motion makes it hard to write
Still, words are abrasive
Yours are making me feel right…
Feel right
Feel it break
Feel it break
Nothing's a mistake, or you
Feel it break
Feel it break
Feel it break
Nothing's a mistake, or you
Feel it break
Austra - The beat and the pulse





3 Comments:
Hola Niña, esto fue lo que más me impresiono de tu escritura. Lo hiciste simple, pero muy potente.
Te felicito.
Muchas gracias! ;)
muy potente?
se quedò corto lucio.
impresionante, te linkiiè en mi blog.
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